• Andrea Sáez

La otra caja





Y salieron las vecinas, todas, a recibir la cajita. No supe qué hacer.

Pensé en lo importante que era "tener" en Pandemia. Que debían de haber muchas mujeres con poquito para la olla, en el aseo, el cloro, lavado y planchado. Al negocio de barrio temprano y al siguiente día lo mismo. Un sábado de ardiente paciencia.


Yo también tenía lo mío; desayuno, zoom, cocina, aseo, trabajo, almuerzo, trabajo, trabajo, una decena de WhatsApp y a la cama. Era mayo, y junio, lo mismo y peor.


Me di, entonces, el gusto de imaginarme sin Pandemia, sonriendo nerviosa en la calle, mirando a alguien con quien canjeaba la impaciencia. Intuitiva y de ojos brillantes, pude aliviar el rescate de mis sentidos. Me estremeció la nostalgia.


Arranqué fuera de la vida accesoria en segundos. Volví a ser emotiva, sin prejuicios y como pude, me agarré de la libertad que hoy parece ser un ave migratoria. Junté de nuevo esa osadía que escondo en mi irrefutablei ingenuidad.


En buena parte comprobé cuál es la caja que necesito.

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