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Recta final para la entrada en dormancia de los huertos de cerezos




A pocos días de que comience el mes de mayo, idealmente nuestras plantas de cerezos

deben presentar cerca del 50 por ciento de hoja caída, evidencia de que éstas se

encuentran en la recta final para la entrada en dormancia. Por ello, es de suma relevancia

tener claro el panorama de lo que está ocurriendo en nuestros huertos; uno de los aspectos

más importantes, es la característica o condición que presentan los centros frutales de

nuestros cerezos.


“¿Qué deberíamos ver hoy nosotros?, dardos y bases de ramillas bien cerradas, muy bien

lignificadas, con brácteas bien formadas o, en el peor de los casos, un esbozo de punta

verde que se deja ver en esta época, pero que no es un gran problema. ¿Qué no nos

gustaría ver?, dardos abiertos o yemas verdes de un buen porcentaje de punta verde o casi

a punto de abrir. Eso no sólamente presenta una problemática del potencial de producción

que podríamos perder en base a algunas heladas tempranas, sino también desde el punto

de vista fitosanitario, y no quiero centrarme solamente en cáncer bacterial, sino también en

algunos hongos de madera que nos aquejan y que están presentes y que nosotros, el

mundo cerecero, no estamos acostumbrados de ver, ni detectar; Cytospora es uno de ellos

y que el último tiempo ha estado de moda y parece que lo hemos empezado a ver en los

campos de zonas más frías, más sureñas”, explicó Carlos Tapia, especialista en producción

de cerezos y Director Técnico de Avium.


Sobre el género Cytospora lamentablemente no existe mucha información, sin embargo,

según lo consigna Héctor García, Fundador y Gerente General de Laboratorios Diagnofruit,

la primera bibliografía data desde 1818, cuando se le definía como “hongos endófitos,

desgarradores de madera muerta sin carácter de patógeno”; más tarde fueron

caracterizados como una enfermedad: “se determinó de forma genérica Cytospora, pero

también es conocida como cáncer perenne, balsa o leucospora y se han descrito más de 85

plantas leñosas frutales como huésped de este tipo de patógenos, incluyendo cerezos”,

explicó García.


A juicio de los expertos, el actual manejo fitosanitario de los huertos y el propio cambio

climático, podrían ser los principales responsables de la reaparición de este hongo, que

lamentablemnte, sino es detectado y tratado de manera adecuada, puede generar

cuantiosos daños e incluso la muerte de las plantas de cerezos.


Si bien lo anterior es de suma relevancia, no hay que perder de vista el objetivo principal de

esta época del año en nuestros huertos de cerezos: tratar que la dormancia fisiológica en

las plantas empiece a aparecer de manera natural.


Carlos Tapia, asesor experto en cultivo de cerezos, explica qué es la dormancia fisiológica y

cómo detectarla: “Es el momento en que la planta cruza la línea del 50 por ciento de la

caída de hoja, considerando siempre hoja amarilla es equivalente a hoja caída y que de

alguna manera nos marca y nos dice que la planta está durmiendo, no profundamente aún,

porque las etapas de la dormancia son distintas, pero que ya entró en una franja época de

latencia, de dormancia; nosotros tenemos que ser capaces de ver esto, de analizarlo y

tomar decisiones; si vemos hoy día los huertos muy verdes y muy activos en términos de

color de hoja y de expresión vegetativa, no necesariamente creciendo, tenemos que tomar

decisiones de tratar de apurar esta dormancia o invitar a las plantas a que boten sus hojas,

lamentablmente, no de forma natural", concluyó Tapia.


Recordemos que este estado, de manera natural, debe estar presentado los primeros días

de mayo, mientras que la evaluación del huerto en cuanto a caída de hojas, debió realizarse

entre el 15 y el 20 de abril. Si se detecta que no hay esbozo de caída de hoja, se debe

aplicar una solución química para apurar de manera artificial este importante proceso.


“Ahí se hace presente una de las prácticas que más acostumbrados estamos a hacer, que

es la aplicación, mediante el modelo de la intoxicación del ‘sulfato de’, que en el caso más

clásico usamos Sulfato de Zinc, en mezcla con urea, en el cual este mix hace que en

conjunto el sulfato genere el efecto de la intoxicación y la urea potencia la descomposición

de esa hoja y, de esa manera, la hoja empieza a otoñar, no normalmente, si artificialmente,

pero estamos cumpliendo con lo que queremos”, explicó el Ingeniero Agrónomo, M. Sc,

Carlos Tapia.


La caída del 50 por ciento de las hojas marca el inicio de la dormancia fisiológica de las

plantas; idealmente esto debe coincidir con la primera semana del mes de mayo, en donde

climáticamente existe la posibilidad de contabilizar las horas de frío que son útiles para las

plantas, hecho que es de relevancia sólo si los huertos cruzaron este 50 por ciento de hoja

caída.


Posterior a esto, la preocupación debe centrarse en el manejo de los programas

fitosanitarios de otoño-invierno: “La utilización de productos en base a cobre, que son hoy

un clásico en manejos de otoño invierno, se hacen partícipes en la primera etapa cubriendo

todas las heridas naturales que se producen en función de la caída de hoja, por tanto

tenemos dos o tres aplicaciones que tenemos que hacer en la medida que avance el

porcentaje de caída de hoja y después, mediante algún tipo de programa riguroso pensando

en pasar el invierno en la zona central, quizás, aplicaciones cada 25 - 30 días, poder repetir

estas aplicaciones después de un evento de helada más que de lluvia, hasta llegar a yema

hinchada, siendo yema hinchada la última aplicación del programa de invierno, pero

también la primera del programa de primavera”, detalló el asesor Carlos Tapia.


Otro punto a considerar es que, si bien las plantas están entrando a un periodo de latencia,

éstas no están muertas, sino que están en una etapa en que su metabolismo, tanto

vegetativo, como de crecimiento de raíces, es prácticamente cero. Está comprobado que

bajo 7° C las raíces prácticamente tienen nulo desarrollo, entre 7ºC y 15ºC generan un

movimiento imperceptible y sobre los 15ºC de temperatura de suelo, las raíces se

desarrollan aceleradamente.


“Si bien las raíces no están activas en invierno, están vivas y estas raíces no se pueden

deshidratar; en los últimos años no nos hemos tenido que preocupar mucho de este

aspecto, porque los inviernos han sido beneficiosos desde el punto de vista de la

pluviometría normal en la zona central, sin embargo dentro de los últimos dos años o tres

años ya hemos visto un descanso de la pluviometría muy importante y que de alguna forma

nos replantea la opción de si es que tenemos que regar en invierno o no, y mi propuesta, en

términos super extremos, poniéndonos en el peor de los casos de que no llueva este

invierno o que llueva muy poco, es que sí tenemos que plantear un modelo de mantención

de humedad de suelo, para evitar que las raíces que se generaron en la temporada recién

pasada no se deshidraten y mueran”, advirtió el Director Técnico de Avium.


Hay que recordar que las raíces generadas en la reciente temporada son extremadamente

finas y que contienen gran parte de las reservas nitrogenadas de la última postcosecha;

además, son las más efectivas y eficientes en la captura de agua y nutrientes en la primera

etapa, pero a la vez las que tienen mayor poder de deshidratación.


“¿Cuánto tenemos que regar en invierno ante una catástrofe climática en término de

ausencia de lluvias?, nada está muy estudiado, pero yo creo que hay que tratar de

mantener una cierta humedad de suelo, 20 a 30 milímetros como mínimo de reposición de

riego por mes, en la medida que mediante algún modelo de búsqueda de información,

calicatas, sensores o la mezcla de ambos, podamos establecer que tenemos una humedad

de suelo, que si bien no es tan aprovechada por la planta, es una humedad que me permite

mantener la condición hídrica de las raíces y evitar la deshidratación”, señaló Carlos Tapia.


Es necesario prever y monitorear esta situación, considerando las condiciones propias de

riego que tenga cada productor. Para ello es importante planificar un modelo de riego de

invierno, ante la ausencia de lluvias, que priorice más que la cantidad de agua, la correcta

distribución de ésta, simulando el efecto de las precipitaciones normales.


Fuente: www.smartcherry.cl



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